2._ MI MONTAÑA
Todos los días,
al salir al campo, me gustaba mirar a lo que yo llamaba mi montaña. Sus
laderas, cubiertas de pinos con un color verde oscuro.
A veces me
preguntaba que había allí, es esas montañas tan altas. Yo me imaginaba un bosque
sombrío y denso con su suelo blando y lleno de hojas que daban un aspecto como
a colchón mullido. Era un monumento, cambia el paisaje y da paso a amplios
prados verdes que, a los ojos, les da una claridad de luz maravillosa, también en
sus cumbres se ven las nieves que llaman perpetuas.
Por la ladera,
corre un arroyo con un agua cristalina y cerca del arroyo vemos una pequeña
cabaña que como podemos comprobar, está habitada, pues vemos que por su chimenea
salen nubecillas de humo. En su interior vive un ermitaño que se retiró allí
después de que falleció su mujer. El vive de la pesca, algunas truchas, y de
animales que atrapa con sus lanzas y trampas, pues a él no le gustan las armas
de juego, pero no está solo, ya que tiene un hermoso perro que le es muy fiel,
que le acompaña.
A nuestro
habitante de la cabaña le vamos a bautizar con el nombre de Félix, y a veces le
cuesta mucho ver pasar los días con los recuerdo de su fallecida esposa.
Así sucedió,
que al empezar a caer las primeras nieves de aquel año se puso muy enfermo y
como no tenía ganas de vivir se dejó morir y solo su fiel perro se quedó a su
lado todo el tiempo, hasta que un buen día llegó un excursionista que algunas
veces iba a verle para dialogar con nuestro amigo Félix. Casi siempre empezaba
el diálogo así:
- - ¿No
echas de menos la compañía de tus paisanos?
Y
Félix siempre decía lo mismo:
- - No,
ya que recuerdo de una manera tan feliz a mi mujer que no quiero estropear su
memoria teniendo amistades con otros seres y, además, aquí me encuentro muy a gusto.
Nuestro
excursionista después de divagar, le daba la razón pues a él si le gustaba el
pueblo y la compañía de los paisanos y cuando estos le estresaban, cogía el
macuto y daba una vuelta por el campo, siempre viendo a nuestro amigo Félix, ya
que con su conversación la calmaba muchísimo.
El excursionista
se quedó frio al verle muerto, sobre poniéndose a su pena le enterró y soltó
alguna lágrima.
Esto nos lleva
a la consideración de que la vida es breve y es muy importante que sepamos
vivir la vida con entrega y dar felicidad a las personas que viven con o cerca
de nosotros.
Con esto,
quiero dejar una cita muy famosa que decimos pero que desgraciadamente no
practicamos con la frecuencia que nosotros quisiéramos: “Siempre alegres para hacer felices a los demás”.
3._ RELATO PARA CONTINUAR...
Una bonita tarde de verano, Lucía salió a pasear por el campo. Después de mucho andar y andar, decidió sentarse a la sombra de un gran pino.
Lucía estaba tan cansada que solo fue cuestión de segundos el que se quedara dormida, en ese mismo instante fue cuando comenzó su gran aventura...