miércoles, 2 de mayo de 2012

Relato


2._ MI MONTAÑA

Todos los días, al salir al campo, me gustaba mirar a lo que yo llamaba mi montaña. Sus laderas, cubiertas de pinos con un color verde oscuro.

A veces me preguntaba que había allí, es esas montañas tan altas. Yo me imaginaba un bosque sombrío y denso con su suelo blando y lleno de hojas que daban un aspecto como a colchón mullido. Era un monumento, cambia el paisaje y da paso a amplios prados verdes que, a los ojos, les da una claridad de luz maravillosa, también en sus cumbres se ven las nieves que llaman perpetuas.

Por la ladera, corre un arroyo con un agua cristalina y cerca del arroyo vemos una pequeña cabaña que como podemos comprobar, está habitada, pues vemos que por su chimenea salen nubecillas de humo. En su interior vive un ermitaño que se retiró allí después de que falleció su mujer. El vive de la pesca, algunas truchas, y de animales que atrapa con sus lanzas y trampas, pues a él no le gustan las armas de juego, pero no está solo, ya que tiene un hermoso perro que le es muy fiel, que le acompaña.

A nuestro habitante de la cabaña le vamos a bautizar con el nombre de Félix, y a veces le cuesta mucho ver pasar los días con los recuerdo de su fallecida esposa.

Así sucedió, que al empezar a caer las primeras nieves de aquel año se puso muy enfermo y como no tenía ganas de vivir se dejó morir y solo su fiel perro se quedó a su lado todo el tiempo, hasta que un buen día llegó un excursionista que algunas veces iba a verle para dialogar con nuestro amigo Félix. Casi siempre empezaba el diálogo así:

-         - ¿No echas de menos la compañía de tus paisanos?
Y Félix siempre decía lo mismo:
-         - No, ya que recuerdo de una manera tan feliz a mi mujer que no quiero estropear su memoria teniendo amistades con otros seres y, además, aquí me encuentro muy a gusto.

Nuestro excursionista después de divagar, le daba la razón pues a él si le gustaba el pueblo y la compañía de los paisanos y cuando estos le estresaban, cogía el macuto y daba una vuelta por el campo, siempre viendo a nuestro amigo Félix, ya que con su conversación la calmaba muchísimo.

El excursionista se quedó frio al verle muerto, sobre poniéndose a su pena le enterró y soltó alguna lágrima.

Esto nos lleva a la consideración de que la vida es breve y es muy importante que sepamos vivir la vida con entrega y dar felicidad a las personas que viven con o cerca de nosotros.

Con esto, quiero dejar una cita muy famosa que decimos pero que desgraciadamente no practicamos con la frecuencia que nosotros quisiéramos: “Siempre alegres para hacer felices a los demás”.


3._ RELATO PARA CONTINUAR...

Una bonita tarde de verano, Lucía salió a pasear por el campo. Después de mucho andar y andar, decidió sentarse a la sombra de un gran pino.
Lucía estaba tan cansada que solo fue cuestión de segundos el que se quedara dormida, en ese mismo instante fue cuando comenzó su gran aventura...

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